La mediocridad te empuja a unas batallas (que encima perderás) ridículas. Sócrates (sí, me ha dado por él) nos vomitaría si le fuéramos con el cuento. Claro, me dirán, és que Sócrates es Sócrates. Ya, pero Sócrates no nació Sócrates. Prueba de ello es que las aves se comportaron de manera ordinaria cuando Fenáreta lo parió. Vaya, para los dioses era uno más, como usted y como yo.
Sabemos quién fue ese Sócrates que nos vomitaría. Aristófanes, Platón, Jenofonte, Aristóteles, Diogenes Laercio... y así hasta hoy nos lo cuentan, y todos comienzan a partir de la farsa Sócrates-Querefonte. Pero a mí me interesa Sócrates antes de Sócrates, uno que tendría batallas de chichinabo como las nuestras. Y aprender de él cómo llegó a menospreciarlas.