Parece que la dominación, hábilmente focalizada, consigue apoderarse de las imperfecciones de la democracia para atraer bajo su velo a aquella masa de desgraciados (yo, y puede que usted, entre otros) que la reinventaron para formalizar sus ansias de emancipación. Sorprende la facilidad con que se atrapa a los que nunca tuvieron nada, y nada siguen teniendo, con mensajes simples y maniqueos que los advierten de la amenaza que pesa sobre sus migajas.
En sus banquetes, los dominadores gestan los bandos para que la lucha no los alcance. En sus ceremonias siguen sonrientes la cacería y esperan, como salvadores, a que los miserables se machaquen. Los que queden en pie, entonces, lo cederán todo. Eso sí, hay esperanza... si la amnesia no es unánime, nacerán nuevos miserables que añorarán y querrán recuperar algo parecido a aquello que una vez tuvieron, con todas y cada una de sus imperfecciones.
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