Normalmente ocupan mesas apartadas y se los representa con una botella de vino y un vaso medio lleno, con un lápiz en una mano y la cabeza apoyada en la otra. En la mesa hay también unos papeles que, si los miras concienzudamente, aventuran reflexiones, quizás aforismos, porque no parece un teorema ni un artículo ni un relato ni un poema lo que allí aparece. Están ellos y el resto, que ni se ha fijado que en una esquina hay un tipo solitario. La ignorancia es compartido. Ellos tampoco podrían cuantificar ese resto, o sólo como una parte más del Universo, que es lo que buscan atrapar las palabras que de tanto en tanto garabatean. Por último, nunca aparecen en manada, acaso porque la manada los rechazó o porque ellos se apartaron, pero solos, siempre solos ellos y sus cuadernos, pasando frío cuando hace frío y calor cuando hace calor.
Esto último es lo que más los diferencia, quizá lo único, de nosotros, los bohemios de la tecnología y el mejorestar, que escribimos blogs como este para pisar el mismo Café que Balzac, o el de cualquier otro.
lunes, 24 de octubre de 2016
sábado, 15 de octubre de 2016
de copas con Parménides
Podría escribir que a Dylan le han dado el Nobel, o que la democracia comienza a defraudar a sus defensores porque, qué ignorancia, el pueblo vota lo que le da la gana, o que el terrorismo tiene unas causas desconocidas o, acaso, tan evidentes que pasan desapercibidas. o que ese que anda por ahí se ha entregado a Dionisio, tal y como anuncia su Facebook, o que el Procés Sobiranista sigue su curso y se aproxima, ya tiene fecha, el colapso, o qué sé yo, podría escribir sobre miles de cosas que pasan cada día, miles de sucesos que se suceden en todo el mundo y miles de relatos que los cuentan (todos interesados), y todo eso me interesa, todo, pero no para escribir sobre ello, no como tema. Alguna vez, quizá, lo haya hecho, pero mi tema no es la realidad cotidiana, no es lo que pasa fuera. A mí me interesa lo que pasa dentro, y lo que pasa continuamente, pase lo que pase fuera.
(Por cierto, a mí Bob Dylan me encanta, pero el Nobel de literatura, ¿en serio?).
(Por cierto, a mí Bob Dylan me encanta, pero el Nobel de literatura, ¿en serio?).
domingo, 25 de septiembre de 2016
el rastrillo de Diderot
Y, sin embargo, hay margen de maniobra, pequeño, sepultado entre la insondable unanimidad del desdén, oculto y esquivo. Es la evidencia del libre albedrío y la condición de posibilidad para el mitocidio o, seamos sutiles, para eliminar el poso que dejó su asesinato y que permanece incrustado como eco de todos aquellos que perdieron culto, en algún lugar de mis adentros. Y aunque la mayoría de las veces la pereza y la indiferencia se impongan, yo sé cómo llegar a ese margen. Es como entrar en la rama de un árbol a la que el viento silba. Pero dura poco. Quizá lo suficiente.
Cátelo. Lea a Diderot, por ejemplo.
Cátelo. Lea a Diderot, por ejemplo.
viernes, 23 de septiembre de 2016
el café de media tarde
El anhelo, y la pereza, y la indiferencia. Un deambular hacía un lugar deseado y desconocido desde el sofá de casa, a desgana. Y venga años, uno tras otro, y acumular playas sobre panellets y uvas de fin de año, y tener desesperados a unos personajes que creaste como respuesta a ese instante en que la elección perdió su veto y liberó el silencio que, es así, siempre sale derrotado. Y es que no hay quien pueda con el bullicio, con la prisa, con el anhelo de llegar a ningún sitio. Al menos yo no. De ahí la indiferencia, el dejarse llevar (por supuesto, más acá del Tao).
martes, 30 de agosto de 2016
la posibilidad de no escribir como fundamento
A vueltas con las visiones y las miradas... y con la novela, como vehículo de transmisión. La mayoría de escritores afirman escribir porque quieren transmitir una visión, la suya, del mundo. Además lo hacen. dicen, siguiendo el llamado misterioso de una necesidad interna y, a la vez, trascendente -alguien los eligió y ellos se entregaron.
Ahora bien, hay escritores que no buscan transmitir nada a nadie. Yo, por ejemplo. Yo no escribo impulsado por una orden ineludible y necesaria, sino porque quiero. Y en el momento en que no quiera, dejaré de hacerlo y no tendré que vérmelas con úlceras o expresiones neuróticas de una ansiosa vocación insatisfecha. Escribo novelas, y también este blog, para descubrir una visión mediante la cual ver el mundo; no para decirle algo a alguien, sino para decirme algo a mí, aunque sea poco.
Ahora bien, hay escritores que no buscan transmitir nada a nadie. Yo, por ejemplo. Yo no escribo impulsado por una orden ineludible y necesaria, sino porque quiero. Y en el momento en que no quiera, dejaré de hacerlo y no tendré que vérmelas con úlceras o expresiones neuróticas de una ansiosa vocación insatisfecha. Escribo novelas, y también este blog, para descubrir una visión mediante la cual ver el mundo; no para decirle algo a alguien, sino para decirme algo a mí, aunque sea poco.
martes, 23 de agosto de 2016
simposio del bla bla bla
Los acontecederes se presentan por igual, aunque ahora (como siempre) haya tantos relatos como personas habitamos este mundo. Hay visiones del mundo más o menos compartidas, pero toda visión del mundo se acompaña de una mirada particular, única y concreta que, además, ansía por imponerse. Por eso la comunicación es siempre un intento de captación y todo hablante un propagandista. Por eso dijeron que "el que sabe no habla, y el que habla no sabe". Por eso yo hablo, aunque sea por escrito.
jueves, 14 de julio de 2016
ecos que sostienen intemperies
Quien busque con el conocimiento la certeza (me ha dado vergüenza escribir "la verdad") ha de saber que sucumbirá a la mentira y mostrará hallazgos mentirosos, o que sucumbirá a la frustración y mostrará rabia y rencor. Hay otras formas de dar con la verdad (me he desecho del pudor que me acechaba en la primera frase). De hecho todo, menos el conocimiento, te lleva a ella. O dicho de otra manera, sólo el conocimiento te saca de ella. Y te pone (qué le vamos a hacer) a la intemperie. Pero hay vida a la intemperie. De hecho, me atrevería a decir que sólo hay vida a la intemperie.
Creo que esto es así, y me consuela saber que antes que yo cientos y cientos de filósofos, científicos y escritores han dicho lo mismo.
Creo que esto es así, y me consuela saber que antes que yo cientos y cientos de filósofos, científicos y escritores han dicho lo mismo.
jueves, 2 de junio de 2016
la casinización de las experiencias
Se imponen las interpretaciones bélicas como sustrato del espectáculo, se impone la dicotomía y la ruptura en la concanetación de sucesos con los que se compone el relato. Pero, quizá por eso mismo, se vislumbra una feliz desgana que comienza a sospechar que lo que se nos dice no es como se nos dice o, al menos, que quien nos lo dice tiene intereses que pueden venir con el decir y, por lo tanto, que su decir es un decir interesado. Grandes grupos empresariales, sí, y pequeños grupos empresariales y no empresariales y hasta yo, y hasta tú, claro que sí. Optar por la sospecha es la única salida. O por la apuesta. Yo apuesto siempre por los relatos que respetan la estética para engañarme. Apuesto por la belleza, que también es mentira.
domingo, 22 de mayo de 2016
la sorpresa narrativa
Quizá las mejores son aquellas donde las frases esconden una historia, aquellas donde lo que se cuenta, en realidad, no se cuenta, porque viene debajo, detrás o a los lados de las palabras. Como si lo relevante se narrara con los espacios en blanco que las separan.
Quizá las mejores son aquellas que cuentan aquello que sus escritores no quieren contar, o no pueden contar porque lo desconocen, pero que, sin embargo, cuentan, y además cuentan siempre.
Y es que para mí la novela es una herramienta de autoconocimiento, y por eso me alejo de ceñir mi narración a ningún plan previo y bien delimitado. A mí me gusta escribir sin corsé, a ver qué cuento cuando creo estar contando otra cosa.
Quizá las mejores son aquellas que cuentan aquello que sus escritores no quieren contar, o no pueden contar porque lo desconocen, pero que, sin embargo, cuentan, y además cuentan siempre.
Y es que para mí la novela es una herramienta de autoconocimiento, y por eso me alejo de ceñir mi narración a ningún plan previo y bien delimitado. A mí me gusta escribir sin corsé, a ver qué cuento cuando creo estar contando otra cosa.
sábado, 9 de abril de 2016
las sombras que quizá sean sombras
Libre es la indagación y la mirada: uno ve lo que quiere, aunque puede que el horizonte posible de su visión esté allí puesto interesadamente y, en ese caso, uno ve lo que se quiere que vea y nada más, con lo cual, la indagación y la mirada nacen cautivas. Platón lo tenía claro, o al menos el Platón que mostraba la vida en la Caverna. La duda viene porque hay quien leyó y estudió la Caverna y se blindó para ver las sombras y constatar el engaño, y al menos este debe ver lo que quiere y no lo que se quiera que vea, al menos para este la indagación puede descubrirle algún que otro cable de la gran tramolla.
En realidad, tanto da: son tantos los relatos y las narrativas que vemos y que puede que nos oculten, son tantas las palabras y tan escaso el silencio, es tanta la duda y tan soberbia la certeza que a lo mejor basta con no sucumbir a la locura.
domingo, 20 de marzo de 2016
loa al estado mental
Esos otros que pude ser yo, con sus quehaceres que podrían haber sido los míos, constatan la azarosa construcción del uno mismo, que es lo que es a consecuencia de los múltiples accidentes que suceden y, por lo mismo, le suceden. Como un plástico en el mar, va donde va aunque no quiera ir a ningún sitio. Necesariamente somos lo que la causalidad ha hecho que seamos, y nunca sabremos qué seríamos si nada hubiera afectado nuestra naturaleza esencial, aunque, a decir verdad, en ese caso sí sabemos lo que seriamos: nada. Eso tan cacareado y absurdamente anhelado y vendido y comprado... hen kai pan, uno con el todo.
Es decir, la vida rompe con la nada, azarosamente, y azarosamente vuelve hacia ella. Y la libertad es un sueño que pasa en el trayecto, un estado mental.
Es decir, la vida rompe con la nada, azarosamente, y azarosamente vuelve hacia ella. Y la libertad es un sueño que pasa en el trayecto, un estado mental.
miércoles, 16 de marzo de 2016
el palco esférico más allá del cual se deviene profeta
En el otro lado de las novelas he visto que son numerosas las maneras que existen para acercarse a ese lugar que todo escritor busca con más o menos ahínco, que no es otro que el palco desde el que se dice que puede verse, de tanto en tanto, la verdad primera y esencial. Pero al desconocer cuál es ésta, nunca hubo escritor que lo alcanzara. Es lo que le diferencia del profeta, que no hace literatura sino religión. Es la diferencia entre libertad y necesidad, entre sorpresa y encuentro, y revelación y mensaje.
Pues bien, hay muchas maneras de acercarse a esos horizontes posibles de libertad y asalto, o al menos eso es lo que me muestran a mí formas tan dispares de narrar como las de Kafka, Racine, Proust, Joyce, Cervantes o tantos otros, todos diferentes, como puntos de una esfera que se va perfilando en torno a la verdad primera y esencial, puntos alejados entre sí pero a una misma distancia de un mismo centro.
Pues bien, hay muchas maneras de acercarse a esos horizontes posibles de libertad y asalto, o al menos eso es lo que me muestran a mí formas tan dispares de narrar como las de Kafka, Racine, Proust, Joyce, Cervantes o tantos otros, todos diferentes, como puntos de una esfera que se va perfilando en torno a la verdad primera y esencial, puntos alejados entre sí pero a una misma distancia de un mismo centro.
martes, 23 de febrero de 2016
la triste necesidad de no poderse sorprender
La literatura está lejos ahora, aunque puede que siempre lo haya estado. Está, eso se sabe, pero a veces ha estado mucho menos lejos que ahora. Sería mucho más fácil si mis personajes me exigieran que siguiera con ellos, que tuvieran ansia por saber de sus vidas y me empujaran enfermizamente al arte de la creación. Sería mucho más fácil, sí, pero yo sería otro esclavo de la necesidad, uno más.
Mi novela está ahora más lejos que otras veces, sí, pero también se escribe, y eso quien escribe lo sabe, cuando no se escribe.
Mi novela está ahora más lejos que otras veces, sí, pero también se escribe, y eso quien escribe lo sabe, cuando no se escribe.
miércoles, 27 de enero de 2016
al principio fueron las uñas y al final lo de siempre
El conocimiento, si me apuran la sabiduría, está bajo las rocas, y sólo se alcanza rasgando con las uñas y tiñendo de la sangre de nuestra piel rasgada el agujero que vamos abriendo. Y has de saber que jamás se llega al otro lado y ser consciente de eso mientras rasgas. Y has de seguir rasgando y rasgando hasta que te mueras, sin abandonar nunca. Eso no te va a hacer más feliz, por supuesto, ni más alegre ni más inteligente ni más listo. Puede que tampoco te haga más desgraciado, ni más triste ni más tonto. Es decir, en el fondo no sirve para nada. Sin embargo, y ya alguien lo dijo, lo cambia todo.
lunes, 25 de enero de 2016
la sinrazón como evidencia de una innecesaria indagación
Si fuéramos gente seria (imaginemos que sumando por ahí haya un "nosotros") no se nos hubiera ocurrido jamás escribir una puta línea. Ya que no nos mueve la necesidad ni una amenaza de combustión interna, ya que sólo escribimos porque nos da la gana y, sobretodo, porque podríamos vivir perfectamente sin hacerlo, después de leer tanto y tan bueno hay que ser poco serio para ponerse a escribir.
¿Por qué, entonces, hacerlo? (siempre me gusta llegar hasta aquí) Pues porque sí, ¿te parece poco?
¿Por qué, entonces, hacerlo? (siempre me gusta llegar hasta aquí) Pues porque sí, ¿te parece poco?
miércoles, 23 de diciembre de 2015
autoflagelación de los andares trillados
El problema de las ideas, o mejor, de nuestra relación con las ideas es que nos encontramos ante ellas condicionados por lo que tantos, antes que nosotros, dijeron sobre ellas.
Las ideas de "derecha" o "izquierda", por ejemplo, ahora que ha habido elecciones, o la de "bipartidismo" o, en general, la idea de "política", o la de "amor", "mentira", "sociedad", etc...
¿Qué sé yo de estas cosas, más allá de lo que me han dicho sobre ellas?
¿Acaso cogí de aquí y de allá y dediqué un tiempo a fundamentar un decir propio, o todas y cada una de mis argumentaciones son plagios más o menos disimulados de decires ajenos?
La respuesta es clara: los fundamentos de mi decir son un fraude, arcilla importada a toda prisa y yo, por tanto, una variante sofisticada de un multiforme eco, un repetidor refinado.
Las ideas de "derecha" o "izquierda", por ejemplo, ahora que ha habido elecciones, o la de "bipartidismo" o, en general, la idea de "política", o la de "amor", "mentira", "sociedad", etc...
¿Qué sé yo de estas cosas, más allá de lo que me han dicho sobre ellas?
¿Acaso cogí de aquí y de allá y dediqué un tiempo a fundamentar un decir propio, o todas y cada una de mis argumentaciones son plagios más o menos disimulados de decires ajenos?
La respuesta es clara: los fundamentos de mi decir son un fraude, arcilla importada a toda prisa y yo, por tanto, una variante sofisticada de un multiforme eco, un repetidor refinado.
viernes, 27 de noviembre de 2015
épica de la derrota cotidiana
Las batallas se suceden y las derrotas se acumulan, más acá de la gran derrota en la atmósfera de la batalla total (quiero decir, de la muerte). Y se impone el grito que se ha gritado desde siempre como ética del combate: resistir, seguir, levantarse, continuar y, a ser posible, como lo haría el hombre que soñaba Camus, un rebelde, cuando la lógica y la evidencia y la prueba constatan la absurdidad de semejante rebeldía, y esa constatación no provoca lágrimas, ni quejas, ni lamentos, ni búsquedas eternas de consuelo, sino sonrisa, la que se dibuja cuando eres capaz de verte, ahí sentado, creando una música celestial, involuntaria y azarosa, con el sonido que hacen tus dedos al golpear las teclas del portátil, y dándote cuenta de que respiras, de que sigues aquí, de que todavía estás vivo y que de lo que se trata es de seguir dando batalla.
sábado, 14 de noviembre de 2015
una disonancia entre bastidores
¿Y por qué olvido tan a menudo que ahí afuera reinan las poses de plastelina y que la partida se juega entre impostores y tahúres y cobardes y que ser bueno es ceder tu espalda para que uno tras otro claven allí sus uñas, sutilmente, una y otra vez, con el ansia oculta de eliminarte? Quizá sea el miedo o quizá hay, efectivamente, una competición y no me he enterado, o quizá es que soy yo el impostor y el tahúr y el cobarde y el que clava sus uñas, con disimulo, una y otra vez en espalda de hombre bueno.
No sé.
Lo que está claro es que siento la disonancia, y que gracias a eso recuerdo que esto que hay aquí, en mi cueva, es real, y que, como siempre, de lo que se trata es de salir al meollo y no perder la calma, a ver si eso que ya despunta no acaba convirtiéndose en unas enormes orejas de asno.
No sé.
Lo que está claro es que siento la disonancia, y que gracias a eso recuerdo que esto que hay aquí, en mi cueva, es real, y que, como siempre, de lo que se trata es de salir al meollo y no perder la calma, a ver si eso que ya despunta no acaba convirtiéndose en unas enormes orejas de asno.
sábado, 7 de noviembre de 2015
se vende cuota de heterogeneidad
Cada vez estoy más lejos del punto de encuentro. Me sabe salada el agua del abrevadero. Pero no hay otra que beber. Estoy igual de lejos de cualquier punto de llegada, aunque sí hay imágenes que se crean y se desvanecen sin respeto por la ilusión que cuesta crearlas.
Me gustaría poder decir que estoy mejor posicionado que el resto para robarle "un pelo al misterio", pero mi desplazamiento es horizontal. Estáis al lado, pero lejos. "No es que vea mejor, es que veo otra cosa", me dijo Morey. Pues eso. Otra cosa, igual de absurda que la vuestra.
Me gustaría poder decir que estoy mejor posicionado que el resto para robarle "un pelo al misterio", pero mi desplazamiento es horizontal. Estáis al lado, pero lejos. "No es que vea mejor, es que veo otra cosa", me dijo Morey. Pues eso. Otra cosa, igual de absurda que la vuestra.
martes, 20 de octubre de 2015
anhelo de momentos encontrados
Basta con una pequeña estupidez para darte cuenta de cuán estúpido es el mundo, y basta con poner la vista en cualquier insignificante detalle para darte cuenta de su insultante belleza. Insoportable y apasionante, a veces lo uno, a veces lo otro. También hay momentos (la mayoría, por cierto) en los que el mundo simplemente está y en los que tú estás con él, simplemente, como si fueras una vaca paciendo, en ataraxia... Ya mandé a tomar por culo la ataraxia alguna vez, y por eso esa mayoría de momentos en los que la vida no tira de mí ni yo de ella, en los que no capto ni estupidez ni belleza, me resultan momentos, nunca mejor dicho, perdidos.
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