martes, 6 de septiembre de 2011

la imposible fijación del gran ausente

Rastrear los limes de los puntos casi finales a la caza de algo que reabra los horizontes que ya se abandonaron. Volver sobre lo ya visto y pensado, reemprender el camino hacia ningún sitio que problematice lo ya resuelto, otra vez. Porque toda respuesta no es sino camama, porque toda solución no es sino veneno que adormece, en mi caso, un pensamiento ya de por sí dormido.
Por ejemplo las palabras, con las que uno se encanta y a las que uno se adscribe como si poseyera la patente del fuego cruzado, y decimos "yo soy esto o lo otro", pero basta detenerse un momento en esa tramoya para descubrir que eso que afirma ser es sólo viento modulado, débil, volátil, fácilmente sustituible por otra sucesión de definiciones que no definen nada, o, al menos, no nos definen nada. Porque... ¿cómo fijar algo tan ausente y efímero como uno mismo?

1 comentario:

Adrián Rios dijo...

Exacto, laspalabras no definen nada.