viernes, 29 de diciembre de 2017

carcajadas y aplausos, una y otra vez

El eco se ha hecho unánime y la novedad es sólo repetición. Uniformados nos querían y uniformados nos tienen. Les ha resultado mucho más fácil ahora, justo cuando la información está al alcance de cualquiera. Descubrieron que no hacía falta restringir y censurar, que lo moderno y lo útil era multiplicar las fuentes y que la pereza hiciera el resto. Y lo ha hecho, vaya si lo ha hecho.
Uniforme es la originalidad y uniforme la reacción a la originalidad. Por ejemplo whatsapp, que ha dado vida al chiste y ha matado el humor, aunque las caritas que lloran de risa y los aplausos desaforados sean generalizados, lo que me lleva a pensar que es mi humor el que está muerto, que soy yo el que sólo ve copia de copias cuyos originales también son copias y, además, malas.

jueves, 14 de diciembre de 2017

¡Alto!, asno, ¡Alto!

No sé, puede que la rebeldía sea una respuesta, algo que se muestra en el escenario donde todo se muestra, un gesto para observadores y las historias que se dirán. No parece difícil. Pero la mayor parte del tiempo pasa lejos de la galería. Y uno quiere rebelarse ahí, adentro, contra la insana lucha por la caricia del amo y el ansia por una mísera mueca de admiración, contra el asno que llevas dentro, astuto, ligero, veloz, siempre al acecho. 

domingo, 19 de noviembre de 2017

la insoslayable inercia del conjunto

Nunca se sabe el precio que habrá que pagar. Nunca se sabe el precio que habrá que pagar por todo lo que sucede, pero, sobre todo, no se sabe qué precio vas a pagar tú, en tanto que eso que sucede, te sucede a ti. Eres isla, pero también eres archipiélago.
Hay un horizonte de escenarios posibles que limita cualquier construcción de escenario futuro, hay una tiránica supremacía de lo colectivo, hay un sometimiento insoslayable y total a ser hijo de tu tiempo. Y no hay un margen que reste a salvo, todo está ocupado. Incluso Fuga está ocupada. Y todas las ermitas.
Lo que sucede nos sucede a todos y nos sucede a cada uno de nosotros, pero hay que ser paciente para ver cómo nos sucede y cómo me sucede, hay que ser paciente para ver qué va a hacer contigo, qué va a hacer conmigo.


viernes, 3 de noviembre de 2017

la ignota magnitud de los efectos retardados

Ahora advertimos que la devastación que causan dos trenes que se chocan, al menos en política, es gradual y, posiblemente, imparable. Habrá que esperar un tiempo para hacer recuento del número de víctimas causado, y sobre las runas, será difícil cuantificar cuántas estructuras han caído.
Que sea imparable significa que no se puede parar, que se detendrá, sí, cuando la fuerza inicial desatada se consuma, y eso tardará en pasar, porque ambos trenes iban llenos de rencores, odios y, en el más pequeño, además, sueños y esperanzas.
Y nosotros ahí, bajo la Historia, sometidos a múltiples y variables mensajes de todo tipo de analistas, con más interpretaciones que datos, manteniendo el tipo, con alegría, aunque por dentro estemos muriéndonos de pena.

viernes, 20 de octubre de 2017

barra libre de verdades

Sobreabundancia de complejidad e incertidumbre. Y sobreabundancia de verdades que no admiten discrepancia. Parece contradictorio, pero en estos momentos en que todo es confuso se multiplican los defensores de verdades que son verdad y punto. Pero si ya antes era imposible afirmarse en alguna verdad sin ruborizarse, no se entiende que ahora se hayan multiplicado los habladores que anatemizan cualquier resquicio de duda. Y los hay tras cualesquiera de las banderas que ahora se muestran como armas en Barcelona.
En fin, verdades, banderas y armas, y algo llamado pueblo que ahora parece que se ha dividido en dos y que a mí me da que nunca fue uno ni dos, acaso cientos.

viernes, 13 de octubre de 2017

el sol brilla en Barcelona, pero menos

Ya lo sabíamos, pero ahora lo hemos constatado empíricamente. No sé si hubo o no hubo referendum el 1 de Octubre en Catalunya. Lo que sí hubo, porque lo vi, fue violencia de una policía que creía tener delante a terroristas. Y no podían creer otra cosa, porque allí donde se construyen opiniones los engañaron. Y lo siguen haciendo ahora: es mentira que la violencia que ejercieron fue para defenderse, pero todos ahí afuera creen que sí, y no pueden creer otra cosa. No había odio en Barcelona y ahora lo hay. Puede que antes el odio fuera sólo de verbo, y por eso ha sido tan fácil empujarlo al estómago y al corazón en apenas quince días. Hoy se odia a Catalunya, a esa parte de Catalunya que lleva siete años tomando las calles sin tirar al suelo una puta colilla. Y los responsables de inocular y azuzar ese odio con relatos construidos categorizando anécdotas y mentiras, están detrás de esos relatos, y es nuestro deber no olvidarlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

dicen que hay tormenta, pero en Barcelona luce el sol

El relato de emancipación ha calado aquí y poco importa la verdad o la mentira de sus fundamentos. Ha ido apoderándose de un espacio social, poco a poco, y las infantiles y soberbias reacciones que ha provocado han empujado a más gente a ensancharlo. Me llega que aquí hay una peligrosa fractura que se expresa de forma violenta, pero más allá de cuatro capullos lo que yo veo es gente discutiendo, debatiendo, charlando, riendo, veo una sociedad que, entre los del sí como los del no como los del no, no y no, se ha desprendido de su sudario. Y nadie odia a nadie, más allá de los cuatro capullos de antes, o al menos no por cuestiones políticas.
Eso es lo que pasa en mi ciudad, en Barcelona, aunque de fuera me aconsejen no salir a la calle y, mucho menos, hablar en castellano, aunque de fuera me digan que hay hordas de independentistas dispuestos a quemarlo todo. Leí hace un par de días alguien que decía que el día que los españoles sepan lo que pasa realmente en Catalunya iban a alucinar con sus políticos y los voceros de sus políticos. Pues eso.