miércoles, 30 de enero de 2019

el sueño de un acontecimiento sin carencia

Encontrar un sentido a lo que sucede es otorgarle a lo real un trasfondo del que carece, pero ¿qué, si no? El universo es muy grande y uno muy pequeño; y los otros unos con los que estás obligado a relacionarte responden a intenciones múltiples que entre ellas se combinan, y saber qué pasa, qué está pasando y por qué, cómo posicionarte ante todo eso que sucede y que me sucede a mi, cuál es el lugar que ocupas en el acontecimiento y, sobretodo, cuál el papel que interpretas y que llevas interpretando toda una vida, e ahí el desafío que nunca se cierra, al que siempre acecha una nueva incógnita. Eso, o cerrar en falso, echar a un lado la carencia y, con la venda ante los ojos, que el olfato te lleve hacia la sempiterna zanahoria.

viernes, 28 de diciembre de 2018

una derrota más en las murallas de Barcelona

Hay victorias que son la suma de muchas derrotas, de muchos aprendizajes que sólo se adquirieron cuando se aceptó que nuevamente se había perdido. Toca, entonces, valorar los daños, consolidar la posición -aunque sea muy abajo- y mirar al frente: hay que plantear el siguiente envite, sin prisa, sin ansia; hay que asumir la derrota y eso requiere tiempo. Hay que asumir que no se ganó y que, probablemente, tardará en ganarse y que puede que no veas tú la victoria. Pero se lucha -si a estas batallas se les puede llamar "lucha"-para los que vendrán, sobretodo para ellos. Aunque, a decir verdad, a ellos les es exactamente igual: se lucha para uno y, sobretodo -ahora si- para los que le rodean, que son los que pierden a su lado. 

martes, 27 de noviembre de 2018

la convicción como instrumento de tortura

Si te ves en riesgo, entonces, amigo, estás pensando, porque pensar sin riesgo es no pensar, sino permanecer en lugar conocido, acomodado entre los almohadones de la convicción, sujeto, ligado a un mástil cuyo valor le viene por llevar mucho tiempo ahí y por nada más. Pero pensar es soltarse y saltar hacia un abismo del cual desconoces si hallarás asidero y sí, puede que no lo halles y, por lo mismo, te libres a un vagar perpetuo. Por eso pensar es correr riesgos, la locura o la soledad uno de ellos, pero hay otros, la batalla, por ejemplo, o el desconsuelo. 
¿Por qué, entonces, hacerlo? Porque sí, porque hay que moverse, porque la convicción mata, también de aburrimiento. 

lunes, 22 de octubre de 2018

los contornos sin perfiles

Los vaciamientos conceptuales que conlleva el vocerío y que aligeran el lenguaje serán, quizá, lo que de aquí a unos años se nos echará en cara, si es que todavía la tenemos entera. Salir del letargo en el que estaba sumida la polis fue una gran noticia, y todavía hoy lo sería, pero se narró esa salida y la reacción a esa salida como si fuera violenta, y se adobó todo con el sello de fascista, y se repitió tantas veces que la violencia ahora ya no es lo que siempre fue ni mucho menos el fascismo.
El problema es que cuando todo se etiqueta como violento y fascista se corre el riesgo, altamente probable, de no detectar la violencia y el fascismo, o detectarlo cuando sea demasiado tarde. 

sábado, 15 de septiembre de 2018

una manera de deshacer el universo

Es ahí, bajo el pecho, donde toman forma de palabra los sinsabores que se han ido sucediendo, o donde no lo consiguen y entonces buscan salir de otra manera (que siempre consiguen). Quizá como ira, o como llanto, o como enfermedad. Aunque puede que la presión que siempre sale, de una forma o de otra, no la causen los sinsabores, al fin y al cabo tan naturales, sino el peso del universo que a veces se te cuelga y estar solo para soportarlo. Por eso un blog -este, por ejemplo-, para darle una oscura salida con claras palabras.

lunes, 27 de agosto de 2018

automitificación sutil y desenfrenada

El margen es el pago a girar la cara ante el becerro que se adora. Asegúrate de que tienes bajo control el ansía de ser escuchado: nadie, desde ese día, lo hará. Si babeas en el mercado de la opinión, despídete: a nadie le interesará ya tu opinión. Serás independiente, quizá libre, pero estarás solo, y no habrá música de fondo creada para henchir el pecho ni espectadores de tu soledad.
Pero, ¿cómo adorar semejante becerro? Yo lo intenté, lo juro, pero no pude. Y la intemperie ahora me cubre... y los libros, los de los otros y los míos. Y la vida, por supuesto. 

jueves, 19 de julio de 2018

sabios viejos para nuevos y ya advertidos desencantos


Cayó el palo con su zanahoria y también cayó el “nosotros” que lo sostenía. Sigue ahí, pero ya no es mío. Por supuesto, no es la primera vez que eso me pasa. La diferencia es que las otras veces eran palos y zanahorias alzados y sostenidos por mí, y esta vez, desoyendo lo que tantas veces me dije y me dijeron, yo era un costalero más. Vine de Fuga para participar, juraría que por inercia, en los fastos y vuelvo a Fuga, cansado y oyendo sin cesar un “te lo dije” que jamás me dije ni tampoco me dijeron, pero que advertía de los costes que acarrean los arrebatos.
Por eso leo y releo a Patanjali, Lao Tze y Li Po, pero el desencanto centelleando en algún lugar de mis entrañas no sale, aunque varíe los tiempos en cada serie de respiración abdominal y la identificación de mi mente con el todo sea casi de manual.