jueves, 16 de septiembre de 2010

barbarieland

Dejar atrás los caminos donde todas las cosas se saben y adentrarse hacia lo desconocido por la oscura vereda que se abre bajo el cartel con la prohibición de no pasar, donde no hay que sortear más querubines que los que coloca de guardia tu vergonzosa cobardía.
Salir de este simulacro donde, por ejemplo, un pirado con pretensiones incendiarias activa la alerta de todos los que custodian el cetro de sus coronas. Avicena y su primo Averroes se niegan a dar crédito al ejército de los bienpensantes que se han alzado porque quieren hacernos creer que quemar un libro puede dañar a Dios y despertar a la bestia inexistente de un pueblo ilustrado, como si no fuera nuestra responsabilidad haber colocado ahí ese monstruo. Dejar atrás con un largo vómito, también, un país como este en el que vivo, donde sus políticos se han blindado para que nadie pueda silbarles mientras pasean sus trajes ofrendando a uno de sus héroes, el pasado día 11, Diada Nacional de Catalunya.
Cosas como estas hacen que el cartel de "No pasar" grite "Adelante", cosas como estas y otras que callo que hacen que eso que llamamos civilización sea sólo un nuevo eufemismo para nombrar la misma barbarie de siempre.

2 comentarios:

Krust dijo...

Un pueblo bastardo, no reconocido por su padre creador, que celebra sus derrotas y al que le ha llegado la hora de abandonar el nido de su madre patria. Es ley de vida darle una oportunidad para que vuele con la libertad que le otorguen sus ciudadanos. Y que se integre al bárbaro hogar del mundo civilizado. Adelante, pues, camine o reviente!

Saludos.-

Paco dijo...

Aunque a la zanahoria la vistan de patria, bandera, religión o frontera zanahoria se queda.