sábado, 23 de mayo de 2009

Inevidencia

Bajo las olas de lo obvio se encuentra la historia que quiere ser narrada. Otros prefieren no hincar ahí su lanza y escriben cosas que se saben o que ya se han dicho. No soportan el fracaso y prefieren abarrotar estantes en las librerías, cooperando con ello a la muerte de la novela. Y proliferan magos, detectives y vampiros. Y antes, y siempre, recreaciones de la Historia, una y otra vez.
Pero yo prefiero seguir ahondando por mis adentros, a narrar lo que por ahí se esconde. Por eso, sólo cuando he escrito sé qué quería decir -qué quería decirme- y por eso, también, no hay lector en el que piense cuando lo hago. Rectifico. Sí, hay un lector en el que pienso, soy yo.

viernes, 8 de mayo de 2009

principio de certidumbre

Acaso sea la ausencia o la desesperanza o, quizá, la noche. Acaso inconscientes deseos de fastos u oropeles, flashes y portadas. Vanidad. Soberbia. Acaso necesidad o libertad o, quizá, trascendencia. Acaso sea la presencia delirante del descaro y la risa. Sea lo que sea, nosotros, los que escribimos, siempre acabamos acercándonos al teclado a picar letras, una tras otra.
Construimos ríos de palabras para llenar los mares del propio fracaso.
Se trata, eso sí, de ir fracasando, cada vez, un poco mejor. Como Beckett.

miércoles, 22 de abril de 2009

funambulogía

Cada una de las frases que escribimos son rutas que nos encaran al precipicio. Son las partes de un puente que alzamos sobre el abismo, el mismo puente, que parte de aquí y desconoce el allí al que se dirige. Yo creo que no hay un allí, y por eso nunca he creído a aquellos que tienen sus obras completas bien estructuradas en la cabeza, su legado, antes de escribirlo.
Escribir es sostenerse uno a sí mismo sobre el abismo que la curiosidad o la duda ha abierto en su cabeza, trazando la ruta que ha de llevarlo a su propio Universo, que es el de todos.
Somos escritores porque escribimos; no escribimos porque somos escritores.

sábado, 18 de abril de 2009

symbolein

Las historias que encontramos en la nada los que escribimos, bien pudieran ser oráculos descifrables una vez cumplidos sus vaticinios: Symbolein.
Los sentidos de nuestras frases, una de las partes del Símbolo; la otra permanece y permanecerá escondida en el interior de las cosas.
Los oráculos, en realidad, son indescifrables, y por eso pueden ser oráculos o no serlo. Tanto da. Yo juego a que lo son, y por eso cuando escribo anhelo dar con la inalcanzable clave, con la última de las preguntas. Es otra manera -igual de inútil- de conocerse uno a sí mismo.

martes, 31 de marzo de 2009

necedad creativa

Las historias que buscamos (que encontramos) no se cogen de una vez. Se cazan por partes, y mientras llega la próxima, uno espera, paciente. Le asalta, cómo no, la duda: ¿Sequedad creativa? ¿El fin? ¿Nunca más? Y cuando eso nos comienza a provocar sufrimiento, recordamos el techo que nos cubre y la nevera que rebosa, y la de millones y millones de personas para las que eso está vetado, y entonces uno se mira y se ríe de ese sufrimiento que la sequedad creativa le causa, y siente asco, y se vomita. Curiosamente, la duda desaparece, y vuelve a esperar, paciente, esa parte que ya viene, que ya va viniendo.

martes, 17 de marzo de 2009

genealogía de la novela

La sabiduría como un inacabable combate de metáforas y conceptos. El concepto envuelve y la metáfora relaciona, aunque, bien visto, sólo la literatura que se esfuerza por trascender las ansias propias y ajenas de normalización, la literatura a la que se la suda la muerte de la novela porque ella sigue viviendo, es capaz de vérselas con aquello que el concepto envuelve y la metáfora relaciona. Y sí, esa literatura sabe bien que su esfuerzo también será infructuoso, pero se bate, porque quiere.

martes, 3 de marzo de 2009

abismo

El abismo acecha, sin desfallecer. Con el pasar de los años ha adoptado otras formas, nuevas máscaras de la propia cobardía. Lo esconde aquella sonrisa y esa mano que se acerca a estracharse con la propia. Lo esconde esa mirada y aquel abrazo. Lo esconden miles de gestos que no consiguen apartarlo.
Sin embargo, recuerda esto, escritor: tu hoja en blanco lo vence.

martes, 10 de febrero de 2009

desobedientes

La musa de los escritores libres habita en lo alto de una montaña, y llegar a ella cuesta, sí, un esfuerzo. Por eso nos inventamos los atajos. En el fondo, es la manera de usurpar rutas que los dioses no hicieron para nosotros, que no estamos enfermos.

jueves, 29 de enero de 2009

principio de incertidumbre

La bicha pirrónica nunca duerme, siempre está alerta para echar abajo cualquier decisión. "¿Y si no?" "¿Y si no?". Entonces vuelves a decidirte, pero esta vez sabes que lo haces sobre una base de arcilla, un cimiento inconsistente. Esa es la gracia, la ausencia de certezas con las que vas acallando cada una de tus dudas. ¿Y? Y nada, que sigo amando la vida.

miércoles, 14 de enero de 2009

El principio como voluntad y presentación

A mí la literatura que me gusta es la espontánea, la que no se deja llevar por un plan premeditado. Es ahí donde encuentro el placer y el conocimiento. Es decir, la belleza.
Si fuera por los planes premeditados yo no hubiera escrito una línea en mi vida.
Yo con veinte años pensaba en todo menos en escribir. Y con quince igual. Con diez años soñaba en marcar goles y en ser un héroe del Oeste. No nací vocacionado para escribir. Decidí hacerlo a los veintitrés, porque quise... libremente. Fue un quise querer.

sábado, 3 de enero de 2009

No creo que escribir sea exorcizarse uno de demonios, ni dejarse guiar por una necesidad extraña venida de las propias entrañas. Tampoco creo que escribir sea seguir el dictado de algo trascendente e incognoscible, algo lejano hermanado con los dioses.
Los hombres no necesitaron la enfermedad ni el delirio para contarse historias, eso le restaría épica a la acción de escribir, de escribirse, porque se quiere.

viernes, 12 de diciembre de 2008

la puta

Los escritores no combaten entre ellos. Se saben viajeros de un mismo artefacto que cada uno impulsa a su manera. El objetivo, ir un paso más allá que los que vinieron antes. Los que no reman con ese objetivo combaten por imponer su rumbo, como si no fuera uno y único el rumbo. Pero está bien, a mí sólo el fracaso me ha librado de esas batallas. La vanidad es realmente astuta y engatusadora, el último recurso del ego para enmascarar su efimeridad, y puede que sólo el fracaso nos permita liberarnos. Aunque puede que el fracaso sea otra máscara de esa puta.

viernes, 5 de diciembre de 2008

intelectualismo floral

El viaje hacia dentro -el viaje a ninguna parte- no conviene alargarlo mucho. Está bien llegar hasta los límites del concepto, pero seguir más allá con el absurdo "conócete a ti mismo" es la más estúpida de las condenas.
Yo sería un físico que no hubiera dividido jamás el átomo, aún pudiendo. Una vez descubierto que Dios sí juega a los dados es absurdo intentar establecer la probabilidad de su próxima jugada. Es más honesto admitir la incertidumbre y crear, aunque creemos con la certeza de que quizás los castillos que alzamos sean castillos de mierda.

sábado, 15 de noviembre de 2008

el reto

Todo narrar dice algo todavía no dicho, por primera vez. El reto no es ese, por supuesto. El reto es decir algo ya dicho, pero de otra manera. Escribir los Karamazov buscando las fuentes del Nilo. O a la Bovary en un prostíbulo de la Rambla de Barcelona. O que Hamlet fume canutos escuchando a Nich Cave.
Escribir lo que siempre se ha escrito, pero de manera que perfile más la metáfora que los libros dibujan de nuestras vidas. Ese es mi reto. Ahí es donde apuesto mi fracaso.

martes, 11 de noviembre de 2008

el eterno retorno de lo mismo

La pregunta vuelve, una y otra vez. En realidad nunca se va. Y no encontrarle una respuesta es, seguramente, la respuesta. Sí, esa es la respuesta eterna a la pregunta eterna que un escritor tarde o temprano se hace para seguir haciéndosela ya siempre.
Escribo porque quiero, sí, pero ¿por qué escribo?

lunes, 10 de noviembre de 2008

zahorí

Nosotros, los que escribimos, pretendemos huir de la cultura del simulacro, pero no para constituirnos en nada que apeste a élite, porque hemos nadado y nadaremos en esa cultura gozosamente.
Nosotros, los que escribimos, en realidad somos buscadores de oro, zahorís, y por eso el azar. Y por eso el azar...

jueves, 6 de noviembre de 2008

ultreia

A pesar de todos los que quieren gestionarnos con dulces voces que parecen susurros, y a pesar de todos los asnos que simulan sus rebuznos parapetados tras sólidos cánones, uno se mantiene haciendo como que no oye, haciendo como que no ve. Pero oye, y ve, y cada vez entiende menos lo que está ocurriendo y no sabe si es él o es el resto, pero uno de los dos está equivocado. Y el pánico aparece en esos momentos en que uno sabe que no es él, que son el resto los que firmaron, hace años, el certificado de nuestra defunción.

domingo, 2 de noviembre de 2008

tarot

Ver y escribir lo visto parece ser la secuencia. La narración como un vulgar vehículo, un medio... Este escritor, por el contrario, no escribe porque ve. Este escritor no ve nada, y por eso su narración no es vehículo de lo visto, sino de lo que verá.

sábado, 25 de octubre de 2008

soliciversalismo

Seguir perfilando la experiencia del suceder en el cosmos y hacerlo con la certeza de que lo que sucede, nos sucede a todos por igual. Y también que nuestro decir es un decirnos y, sobretodo, un decirse. Por ello, un escritor se va haciendo al ritmo que se va alejando de lo ya dicho, o, lo que es lo mismo, al ritmo que va abandonando los préstamos con los que su voz se había vestido, muy bellamente, para actuar en los salones de la decencia que, curiosamente, coiciden con los de la decadencia.


jueves, 16 de octubre de 2008

refutación de la libertad

Amamos las cadenas que nos ligan, aunque gritamos que hay que romperlas. Somos así, una especie que se caga de miedo ante el primer atisbo de perturbación.
Y sí, es realmente vergonzoso saber que nos hemos dejado seducir por tan poca cosa, nosotros, que venimos del hambre y del dolor, nosotros, que tenemos manos que pintan y que aran y que escriben y que cavan y que son capaces de percibir la sutil fragilidad del seno en la mujer amada y el tenue calor del padre en su final. Pero volvieron a engañarnos... esta vez definitivamente.