Los libros como ruta a la ascesis o a la locura. O como excelentes pasarelas con las que afrontar ese tedio que se avecina. O para hincar el diente del placer estético. O incluso para calzar esa mesa que cojea, o alzar el televisor a una altura razonable. Estos usos le he dado a los libros y otros que no confieso. O sí. Una vez, por ejemplo, los aforismos de Patanjali en tapa dura me sirvieron para romperle los dientes a un tipo que quiso robarme. Bueno, en realidad sólo le causaron desconcierto, el suficiente, sin embargo, para poder huir.
Los libros como el tiempo que cada uno cobija entre sus páginas, y el esfuerzo, desconocido para la mayoría, que costó poner una sola de sus comas. Por eso esta declaración de amor a un objeto inanimado. Por eso esta declaración de amor a un objeto con miles de almas.
domingo, 24 de enero de 2010
miércoles, 6 de enero de 2010
ontología
Es el desconcierto ante el suceder de las cosas que (me) suceden y querer vencerlo lo que, efectivamente, me convierte en escritor. Plasmar lo real que se (me) ha presentado como acontecimiento. Y también todos los silencios con los que se acompaña y los que oculta, cuya expresión es suceder fuera del suceso que sucede, igualmente influyente. En definitiva, aprender algo sobre qué soy y, sobretodo, qué puedo llegar a ser. Sí, escribo para leerme, cuando pase el tiempo, y entonces, puede que entonces, dar con algo sorprendente...
Todo lo que excede la precedente declaración de principio en mi relación con la literatura pertenece a otra de las múltiples caras conque sucede la complejidad, una a la que no vale la pena dedicar esfuerzo, si algo queda al final del proceso. Si llega, bien. Si no llega, bien.
Todo lo que excede la precedente declaración de principio en mi relación con la literatura pertenece a otra de las múltiples caras conque sucede la complejidad, una a la que no vale la pena dedicar esfuerzo, si algo queda al final del proceso. Si llega, bien. Si no llega, bien.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
alquimiau miau
Uno (yo) y todo. De mí dentro de todo, otros escriben. En realidad, de mí dentro de todo, todos escriben. De todo dentro de mí, sólo yo escribo: busco el noumeno del mundo. No, mejor: busco el noumeno de mi mundo, el sentido. ¿El sentido? ¿Busco? ¿"Escribo para buscar el noumeno de mi mundo"? ¡Joder con la vanidad!
domingo, 27 de diciembre de 2009
Agamenón y su porquero
Fuga viene cada vez más a menudo. Antes no tanto. Pero ahora, conforme las cadenas van rebelándose, Fuga es mi mar del sur ligándome más y más al sueño de la huida. No son los parajes que presagia, sino su silencio lo que me embriaga, alejado de las verdades que imperan en mi caverna. ¿Cómo no embriagarse con habitar en un lugar donde "las técnicas descriptivas" sean llamadas, por ejemplo, "descripciones" y las "técnicas explicativas", "explicaciones"? ¿Cómo no anhelar un mundo donde las palabras remitan a objetos, propiedades o acciones y no a laberintos oscuros y alambicados que perpetúan la farsa? La farsa, sí, la mascarada construida merced a un uso interesado de vete tú a saber, que se empeña en perpetuar el dominio
viernes, 18 de diciembre de 2009
Auschwitz
Cuidado con aquellos que se piensan mucho lo que van a decir, los que sufren por dar con la forma adecuada. Puede que escondan a un adorador fanático de la razón, que sea un rechazador de los sentimientos, de las pasiones, de los que teme la potencia salvífica de las emociones; en definitiva, puede que sea un castrador que suspira por un hombre racional y sin contradicciones. Es decir, por un hombre inexistente. Cuidado, existe esa posibilidad.
Otra es que sea alguien súmamente cortés, o un escritor preocupado por embellecer su mensaje. Por eso, si el que se piensa mucho lo que va a decir es, además, alguien vestido con algún tipo de complejo, entonces no hay duda, huye, porque no va a consentir tu alegría y va a matarte.
Otra es que sea alguien súmamente cortés, o un escritor preocupado por embellecer su mensaje. Por eso, si el que se piensa mucho lo que va a decir es, además, alguien vestido con algún tipo de complejo, entonces no hay duda, huye, porque no va a consentir tu alegría y va a matarte.
martes, 8 de diciembre de 2009
el dulce muro de algodón
La historia que narro se (me) fue. Los personajes se niegan a seguir caminando y contra eso nada sé hacer. Es como si temieran llegar al destino que sus acciones ha ido trazando. Si fuera uno de esos mediums que narran al dictado de una necesidad misteriosa, ya tendría un punto final. Pero yo escribo porque quiero y no al dictado de dioses ni para emitir buenanuevas; nada, que no sea mi propia querencia, me empuja a la página que está por escribirse, y nada, que no sean los personajes, me indican por dónde ir tirando. Y ahora estos han desatendido su futuro y aunque quiera y quiera no soy capaz de moverlos.
Ya estuve así en otras ocasiones, pero la experiencia de la desesperación pasada (desesperación, es cierto, acaramelada) no evita la presente. Eso sí, otorga el consuelo de saber que, tarde o temprano, podré seguir, siempre que mi querencia siga intacta. Pero, ¿cuánto podré seguir en la querencia si la ausencia se perpetúa?
Ya estuve así en otras ocasiones, pero la experiencia de la desesperación pasada (desesperación, es cierto, acaramelada) no evita la presente. Eso sí, otorga el consuelo de saber que, tarde o temprano, podré seguir, siempre que mi querencia siga intacta. Pero, ¿cuánto podré seguir en la querencia si la ausencia se perpetúa?
miércoles, 18 de noviembre de 2009
antropología poliédrica
No hay más técnica narrativa que exponerse, que indagarse, que salir. La novela no es un lugar de técnicos. Sí, si se quiere aparecer en las librerías. Hay miles de trucos, de efectos, de máscaras para conseguir engatusar al lector, que casi no haga esfuerzos. ¿Pero quién, a estas alturas, piensa en "el lector"? No yo, por supuesto. Bastante tengo con conseguir que mi voz se explique como para pensar en que sea digerida con facilidad por ese compañero desconocido. Faulkner no pensó en mí cuando escribía. Ni Handke. Es cierto que otros sí lo hicieron y me facilitaron el camino, y se lo agradezco. Y ahí están, ya se pueden regalar. Pero esos otros, esos siguen ahí, exigiendo un nuevo trayecto, porque si uno se indaga y sale, sale el Hombre o la Mujer, al completo, y cada nueva lectura te acerca más al misterio y lo hace más impenetrable.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
conjuro
Las hojas en blanco que están por escribirse, puede que sean ellas. La historia está casi contada. La acción se encamina al punto final; 30, 40, 50 hojas, no más. Ya casi está, ya casi está. Pero ese "casi" me está matando. No sé cuántos meses llevo en ese "casi". Releo y releo, pero no avanzo una puta línea desde no sé cuántos meses. Ya he estado así otras veces. Sé qué es, cómo es... cómo duele. Me repito que ya vendrá, que es el último obstáculo que debemos sortear los creadores y que debo ser paciente. Y lo soy. Espero, provoco, tiento, "ya vendrá, ya vendrá", pero pasan los meses y no llega. Y es que escribir también es desesperar, pacientemente.
domingo, 25 de octubre de 2009
primus fracasare, deinde fracasare
Buscamos el aplauso, la admiración, el comentario: la bicha que llevamos dentro se alimenta con babas de aduladores, con la aquiescencia del prójimo y del no prójimo. Se corre el riesgo de buscar sólo eso. A nuestra vanidad le basta con ofrecer algo bonito, entretenido, emocionante. Con ello obtiene su botín.
Sólo el fracaso continuado permite obrar bajo otros dictados. Cuando no hay aplausos, ni admiración, ni comentarios, la bicha se adormece y es entonces, sólo entonces, cuando puedes elegir, por ejemplo, qué clase de escritor ser y disponerte a dar el salto -trascender los reinos de lo bonito, de lo entretenido, de lo emocionante... salir del escaparate.
No estoy haciendo la historia de un lamento, sino una exégesis de mi genealogía -de cómo el fracaso me hizo llegar a un lugar que por mi mismo jamás hubiera alcanzado, un lugar que se opone a la omnipresente Fingida donde busco, con ahinco, con anhelo, con paciencia, dar nombre a eso que no tiene nombre y que exige un nombre diferente al que otros, antes y ahora, ya le han dado.
Sólo el fracaso continuado permite obrar bajo otros dictados. Cuando no hay aplausos, ni admiración, ni comentarios, la bicha se adormece y es entonces, sólo entonces, cuando puedes elegir, por ejemplo, qué clase de escritor ser y disponerte a dar el salto -trascender los reinos de lo bonito, de lo entretenido, de lo emocionante... salir del escaparate.
No estoy haciendo la historia de un lamento, sino una exégesis de mi genealogía -de cómo el fracaso me hizo llegar a un lugar que por mi mismo jamás hubiera alcanzado, un lugar que se opone a la omnipresente Fingida donde busco, con ahinco, con anhelo, con paciencia, dar nombre a eso que no tiene nombre y que exige un nombre diferente al que otros, antes y ahora, ya le han dado.
jueves, 22 de octubre de 2009
éxito
Que no vengan a decirnos que escribir es padecer, la respuesta a una llamada interior y necesaria que obliga a una especie de parto doloroso. Que no vengan con el horror vacui de la página en blanco, con el esfuerzo y el sacrificio necesarios para garabatearla. Que no vengan con milongas ni nos hablen de vocación. Todo eso forma parte de los balbuceos que exige el espectáculo, los añadidos que exige el negocio. Escritores con caras de autosuficiencia exponiendo la altura de su pensamiento y el tremendo esfuerzo que realizan para alumbrarlo. Mercado, venta, éxito... ¿Éxito? El éxito es sobrepasar la cima de tus limitaciones, ir más allá de los contornos que marcó tu naturaleza, saltar por encima de tus necesidades, enfrentarte a cada una de tus miserias. En mi caso, el éxito es escribir y, además, hacerlo cuando a nadie le interesa que lo haga.
miércoles, 14 de octubre de 2009
elogio de la soledad
Sin moral de suburbio, así ando últimamente -sin momentos en los que beber las copas de un trago.
Anoche, por ejemplo. Anoche conocí a un tipo que juró haber cenado con Tom Waits. Me dijo que, en realidad, Tom era mudo, y que esa voz con la que recitaba, falsa: un pequeño motorcillo incrustado hábilmente en su esófago por un cirujano conocido.
Para romperle la boca. No por Tom Waits -allá él si cena con gente indiscreta- sino por esa asquerosa moral de misionero que se toma el derecho de incordiar tu soledad.
Anoche, por ejemplo. Anoche conocí a un tipo que juró haber cenado con Tom Waits. Me dijo que, en realidad, Tom era mudo, y que esa voz con la que recitaba, falsa: un pequeño motorcillo incrustado hábilmente en su esófago por un cirujano conocido.
Para romperle la boca. No por Tom Waits -allá él si cena con gente indiscreta- sino por esa asquerosa moral de misionero que se toma el derecho de incordiar tu soledad.
jueves, 24 de septiembre de 2009
mitofísica
Nací y vivo en Barcelona, pero espero morir en una choza levantada con mis manos más allá de la última frontera, escuchando a Leonard Cohen -everybody knows, por ejemplo- y leyendo un diálogo de Platón -el Fedón por ejemplo- o una novela -cualquiera de Kundera-, con el recuerdo imborrable de la manada a la que cobijé y, sobre todo, preguntándome por qué escribí siempre -igual que comí, bebí y dormí- con la grandeza de saber que podría no haber escrito y no habría muerto.
Ahora bien, uno suele morirse cuando menos se lo espera, en un hospital ruidoso, en la calle o, mucho peor, cuando duerme y nada anunciaba que no despertaría. En todo caso, la realidad -a la que respeto y acepto- no puede borrar imágenes como las precedentes.
Ahora bien, uno suele morirse cuando menos se lo espera, en un hospital ruidoso, en la calle o, mucho peor, cuando duerme y nada anunciaba que no despertaría. En todo caso, la realidad -a la que respeto y acepto- no puede borrar imágenes como las precedentes.
viernes, 18 de septiembre de 2009
el miedo
No dejarse embaucar por construcciones terroríficas -no sucumbir al miedo- es uno de los eslabones, el más grueso, que hay que romper si uno persevera en liberarse (¿de qué, de quién? ¿de uno mismo?).
El miedo ancestral a la finitud de los propios días al menos se tradujo en la creación de dioses de todo pelaje; era un miedo creativo. Ahora, por intereses que deberían sernos del todo conocidos, los nuevos miedos no buscan más que paralizarnos y entregarnos a los poderes salvíficos de papá Estado, que nos quiere en el wu wei de la indefensión, acojonados, a expensas de su caridad en forma de, por ejemplo, vacunas o ajustes presupuestarios.
Yo, que luzco nariz roja de pallaso gracias a no haber podido lucir corbatas de armani, también tengo miedo, a nada y a nadie, pero sigo serrando ese eslabón y puede que algún día consiga romperlo, si los guantes de hierro con el que cubro mis manos -no vaya a ser que pille una infección que me active algún gen de esos que producen cáncer- me permiten seguir sosteniendo la sierra.
El miedo ancestral a la finitud de los propios días al menos se tradujo en la creación de dioses de todo pelaje; era un miedo creativo. Ahora, por intereses que deberían sernos del todo conocidos, los nuevos miedos no buscan más que paralizarnos y entregarnos a los poderes salvíficos de papá Estado, que nos quiere en el wu wei de la indefensión, acojonados, a expensas de su caridad en forma de, por ejemplo, vacunas o ajustes presupuestarios.
Yo, que luzco nariz roja de pallaso gracias a no haber podido lucir corbatas de armani, también tengo miedo, a nada y a nadie, pero sigo serrando ese eslabón y puede que algún día consiga romperlo, si los guantes de hierro con el que cubro mis manos -no vaya a ser que pille una infección que me active algún gen de esos que producen cáncer- me permiten seguir sosteniendo la sierra.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
elogio de la ausencia con final feliz
El escritor escribe y debe esforzarse por matar a la puta vanidad que lo obliga a mendigar dosis de atención en esa tribu de negociantes conocidos como "agentes literarios" o, todavía peor, en esa otra que, como un favor, hará pública tu novela. A cambio, ponga usted cara de interesante y acuda a promocionarse, no sea que ni dios compre lo que hemos hecho público y sea usted un negocio nefasto.
Yo, que todavía no maté a esa puta, escribo, y les digo a todos esos que se supone aparecen cuando acaba nuestro trabajo: "Váyanse a la mierda".
Yo, que todavía no maté a esa puta, escribo, y les digo a todos esos que se supone aparecen cuando acaba nuestro trabajo: "Váyanse a la mierda".
miércoles, 9 de septiembre de 2009
el eterno retorno de lo mismo -2 (ó 3, o más)-
Haber quedado fuera y no haber sucumbido al abandono ni al cinismo, además de no envidiar ya primeros puestos, ni últimos, y haber dejado de pelearme por las guindas y por las migajas es, para mí, el principio de razón suficiente.
Seguir en esto, ya para siempre desde fuera, y no poder ni querer dejar de preguntarme porqué, es el motivo -ahora lo sé- de que este escritor de novelas lo sea, también, del blog "escribo porque quiero".
Efectivamente, escribo porque quiero, pero, nuevamente, ¿por qué escribo?
Seguir en esto, ya para siempre desde fuera, y no poder ni querer dejar de preguntarme porqué, es el motivo -ahora lo sé- de que este escritor de novelas lo sea, también, del blog "escribo porque quiero".
Efectivamente, escribo porque quiero, pero, nuevamente, ¿por qué escribo?
viernes, 28 de agosto de 2009
núcleo
Entreveo las sucesiones que están por venirse, ahí, en mi novela, pero estoy seguro de que cuando me disponga a narrarlas las letras me alejaran de ellas y me ofrecerán otras nuevas que, a su vez, me harán entrever otras sucesiones, otro relato que, sin embargo, seguirá siendo el mismo.
Podría dotarme de mando, marcar el rumbo, marcialmente, pero entonces me convertiría en un dirigente poseedor de una doctrina, un dictador, y no en alguien paciente que espera encontrar al menos un conocimiento con el viaje: es ese que seguirá siendo el mismo en todas las sucesiones que se dieron y en las que no se dieron y que apunta a uno mismo.
Podría dotarme de mando, marcar el rumbo, marcialmente, pero entonces me convertiría en un dirigente poseedor de una doctrina, un dictador, y no en alguien paciente que espera encontrar al menos un conocimiento con el viaje: es ese que seguirá siendo el mismo en todas las sucesiones que se dieron y en las que no se dieron y que apunta a uno mismo.
lunes, 24 de agosto de 2009
el púlpito
Las palabras, esas golfas vestidas de inocencia que esconden siempre un fusil, aguardan sumergidas en el ruido de los tiempos, preservando su levedad. Sólo los que escribimos nos adentramos en sus habitaciones a vérnoslas con la jauría, y cerramos los ojos y cogemos lo que podemos, y volvemos a revelar lo que allí encontramos.
Escribir cosas como estas es lo que me hace pensar que, en el fondo, soy un negador de la vanidad que no puede dejar de alimentarla, vorazmente. "¿Volvemos a revelar lo que allí encontramos?" Eso he escrito, como si fuera un adolescente de cortejo. Como si escribir fuera evangelizar.
Recuerda, escritor: escribir es escribirse, y después leerte, si llegas a viejo.
Recuerda, escritor: eso basta.
Escribir cosas como estas es lo que me hace pensar que, en el fondo, soy un negador de la vanidad que no puede dejar de alimentarla, vorazmente. "¿Volvemos a revelar lo que allí encontramos?" Eso he escrito, como si fuera un adolescente de cortejo. Como si escribir fuera evangelizar.
Recuerda, escritor: escribir es escribirse, y después leerte, si llegas a viejo.
Recuerda, escritor: eso basta.
martes, 4 de agosto de 2009
el jardín
Ya no se trabaja para silenciar a los que disienten; ya no hace falta. La sombra de la mazmorra basta: la oscuridad, el silencio. Nos han encorsetado con tantas amenazas creadas a los antojos divinos que trocamos libertad por seguridad, el nuevo vocablo, el nuevo anhelo. Y ahí, mágicamente, aparece el ángel guardián del Estado para proporcionárnosla, a destajo.
Pero uno, una vez catada la potencia creativa de la incertidumbre, no quiere ya un ángel guardián tan excelso. Y es bien sabido que esa potencia se maximiza junto a la oscuridad, junto al silencio, y que la mazmorra se trueca en jardín, si se consigue salir de la reverencia.
Pero uno, una vez catada la potencia creativa de la incertidumbre, no quiere ya un ángel guardián tan excelso. Y es bien sabido que esa potencia se maximiza junto a la oscuridad, junto al silencio, y que la mazmorra se trueca en jardín, si se consigue salir de la reverencia.
jueves, 23 de julio de 2009
desmentira
No, los que escribimos no lo hacemos para lucirnos, para boquiabrir las jetas del prójimo; no somos pirotécnicos y no aspiramos a ofrecer emocionantes fuegos de artificio.
La historia que escribimos nos es igual de desconocida que al resto; aspiramos a que nos cuente cosas de nosotros mismos que de otra forma permanecerían siempre ocultas.
Pero no es un psicoanálisis sino algo mucho más serio y divertido que nos cuenta una verdad, un desengaño.
La historia que escribimos nos es igual de desconocida que al resto; aspiramos a que nos cuente cosas de nosotros mismos que de otra forma permanecerían siempre ocultas.
Pero no es un psicoanálisis sino algo mucho más serio y divertido que nos cuenta una verdad, un desengaño.
miércoles, 8 de julio de 2009
libación
Es la consciencia en el tiempo cuando pasa lo que hace saber que se está vivo. Lo otro es iluminarse, nirvanearse, orientalizarse... huir. Ahora bien, ser consciente del tiempo en ese preciso momento convierte la vida en un saber, en un objeto de pensamiento, lo cual también es una huida.
Por lo tanto, la vida de uno, su efimeridad, se debate entre huida y huida, y de ahí que todo sea desconcierto.
¿Y? Y nada, poca cosa, que a mí escribir me ha enseñado a chupar suavemente ese magma.
Por lo tanto, la vida de uno, su efimeridad, se debate entre huida y huida, y de ahí que todo sea desconcierto.
¿Y? Y nada, poca cosa, que a mí escribir me ha enseñado a chupar suavemente ese magma.
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